La Verdad Sobre El Azúcar

El llamado azúcar blanco, refinado o sacarosa, es un tipo de azúcar simple extraído industrialmente, por procesos físico-químicos, a partir de la remolacha o de la caña de azúcar. La sacarosa consta de una molécula de glucosa y una de fructosa enlazadas.
En este proceso de refinamiento, se extraen los nutrientes naturales de la remolacha y la caña, la fibra, los minerales, vitaminas y oligoelementos. Éstos son imprescindibles para poder ser metabolizados por nuestro organismo; así que, en ausencia de ellos, nuestro cuerpo los obtendrá de otros alimentos o robándolo de los propios tejidos (miocardio, músculos, huesos…), creando un déficit de vitaminas (especialmente del grupo B, reguladoras de múltiples funciones, como el correcto funcionamiento del sistema nervioso), de minerales (sobre todo magnesio y calcio) y de oligoelementos.

Aclaro que al hablar de azúcar –azúcares simples o de absorción rápida- no se incluyen a los azúcares complejos -hidratos de carbono complejos o de absorción lenta, almidones- como los tubérculos, cereales integrales y legumbres. Y también tenemos en cuenta que hay azúcar simple naturalmente presente en algunos alimentos, que son diferentes, por naturaleza, calidad y cantidad, de las obtenidas artificialmente o añadidas a otros alimentos.

El otro significado, los azúcares, se usa para designar todas las moléculas formadas por unidades de glucosa y/o fructosa que hay en los alimentos y que reciben nombres diferentes según su estructura química. Ejemplos: fructosa, porque está presente en la fruta; lactosa, porque está presente en la leche; glucosa, en la sangre y en la uva; almidón, en las patatas y los cereales.

Son ya numerosos estudios científicos y bibliografía los que avalan los efectos perjudiciales para la salud humana y global del consumo del azúcar, y de los intereses económicos que hay detrás de ello. El doctor Cidón, autor de “Azúcar: Dulce Veneno”, dice: muchas enfermedades, como obesidad, Alzheimer, pérdida de memoria, dificultad para concentrarse, cáncer, diabetes, osteoporosis, caries dentales, desórdenes cardiovasculares, reumatismos, enfermedades hepáticas, migrañas, y dolores de cabeza, ansiedad, nerviosismo y un largo etcétera, pueden ser causadas por un consumo incontrolado de azúcar o sus amplios derivados que, además, está demostrado científicamente, es una sustancia tan adictiva como las drogas. Peor aún, porque está socialmente aceptada, muy accesible y camuflada en todas partes y se usa para premiar y hacer regalos.

Sabemos que el azúcar es altamente adictivo, ya que, entre otras cosas, provoca una sensación inicial de euforia emocional, dejando al cabo de unos minutos una sensación de bajón e inestabilidad. Se genera un pico de azúcar que se quema rápidamente, provocando después hipoglucemia. Esto hace que el cuerpo vuelva a pedir otra dosis de azúcar, que provoca el mimo efecto, creando así un círculo vicioso.

Otro efecto que contribuye a esto, es que acostumbra a las papilas gustativas a un sabor demasiado dulce y antinatural, distorsionando el paladar y la sensibilidad de percibir los sabores naturales, que acabarán pareciendo sosos. Esto hace que cada vez se necesiten sabores más camuflados y artificiales. Cada vez que se ingiere azúcar blanco todo el cuerpo, y sobre todo el sistema inmunológico, se pone en marcha para luchar contra este organismo extraño, y no puede ocuparse de hacer frente a otros virus y en mantenerse sano. Entonces, el ph de la sangre y el cuerpo se acidifica, es decir, empieza a enfermar.

Un aspecto a tener muy en cuenta es en la gran cantidad de alimentos en que el azúcar está camuflada, como:
– Galletas, barritas y cereales de desayuno
– Bollerías, pasteles, chucherías
– Todo tipo de refrescos y zumos envasados
– Platos y productos precocinados
– Embutidos envasados y carnes procesadas
– Conservas con azúcar añadido
– Salsas envasadas
– Bebidas vegetales con azúcares añadidos
– Yogures azucarados o con sabores y otros postres lácteos
– Cacaos solubles y chocolates

Es, por tanto, muy importante leer las etiquetas y detectar dónde está presente el azúcar. Además, tiene muchos otros nombres: sacarosa, fructosa, lactosa, glucosa, palabras terminadas en -osa-, azúcar invertido, jarabe de maíz, azúcar moreno, maltodextrina, etc. Los edulcorantes artificiales y polialcoholes por los que a veces se sustituye son también muy perjudiciales: malitol, aspartame, ciclamato, sucralosa, etc.

Yo soy defensora de una alimentación que excluya azúcares artificiales y procesados, y sí incluir cada día el sabor dulce natural de alimentos como los cereales, las verduras, verduras de raíz, legumbres, frutas y frutas secas, estevia (natural, pura y orgánica) y especias dulces y aromáticas.

Es cierto que al eliminar el azúcar de nuestra vida, durante unos días hace sentir el famoso mono o síndrome de abstinencia. Y, una vez pasado esto, y conociendo recetas deliciosas y sanas por la que sustituirla y los cambios de base para saber cuidarnos, ¡te aseguro que el cuerpo y la salud dan un gran y sorprendente cambio! ¡Porque la salud es armonía que viene de dentro!

Gracias por leerme 🙂